Puramente mediática y electorera, pero de gran significado político, es la denuncia que presentó el “presidente legítimo” Andrés Manuel López Obrador en la Procuraduría General de la República, en contra del presidente Felipe Calderón Hinojosa y sus tres antecesores, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada, ninguno de los cuales, es previsible, responderá de manera directa a las acusaciones, y la denuncia no traerá consecuencias legales de ninguna índole.
La denuncia puede ser considerada “audaz” o “ingenua”, “temeraria” u “oportunista”, “protagónica” o “pendenciera”; de muchas formas puede ser calificada o descalificada; en todo caso la etiqueta que se le coloque dependerá de la afinidad o antipatía que se tenga con López Obrador.
Lo que es innegable es que tal denuncia resume en buena medida el sentir de la mayoría de los mexicanos; sus efectos inmediatos podrán favorecer a los candidatos a diputados de la Coalición “Salvemos a México” que forman el PT y Convergencia. En lo mediato podría verse favorecido el movimiento lopezobradorista, que así tendrá una bandera de lucha de mayor duración.
Puede anticiparse que dicha denuncia la secunden los candidatos y miles de ciudadanos, en cuyo caso el efecto mediático puede ser mayor; pero si realmente se quiere la transformación del país, esta solo la puede realizar el pueblo organizado, no en torno a líderes carismáticos, sino en torno a ideas y programas que sólo el pueblo puede construir. De hecho, ya lo ha estado haciendo, y aquí en Puebla el FOSSCEP es una muestra de ello.
16 de junio de 2009
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