Normalmente los gobernantes mexicanos, cuando leen sus discursos pronuncian bellos pensamientos, nobles intenciones y asumen compromisos con los que difícilmente se puede estar en desacuerdo; lo difícil, lo raro, lo remoto, es que tales ideas y propósitos se lleven a la práctica.
Si se vislumbra un alto índice de abstencionismo en las próximas elecciones del 5 de julio, aunado a un porcentaje importante de ciudadanos resueltos a anular su voto de mil maneras; esto se debe precisamente a la desconfianza que ya inspiran los políticos entre los electores, y al hartazgo de que esta práctica se repita una y otra vez, sin que aparentemente haya ningún poder que pueda cambiar la situación.
Lo anterior viene al caso porque la presidenta municipal Blanca Alcalá ha expresado una serie de ideas muy plausibles, en el contexto de una firma de convenio con el Registro Agrario Nacional, las cuales no quisiéramos que se quedaran en calidad de buenos deseos, sino que efectivamente se traduzcan en acciones, tanto para quienes tienen necesidad de que se les regularice la tenencia de su tierra, como para el resto de los ciudadanos que somos víctimas de eso que ella ha denominado acertadamente: “una de las crisis económicas más agudas de que tengamos memoria”.
10 de junio de 2009
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