Que la arquidiócesis de Puebla ha protegido la pederastia clerical es un hecho del que todo México está enterado y sólo los fieles católicos poblanos se rehúsan a admitirlo porque su religión se los prohíbe o su ignorancia se los impide.
Es una lástima que esto suceda, porque son mayoría los católicos que de buena fe depositan su confianza en los sacerdotes y las monjas para que sean ellos precisamente quienes eduquen a sus hijos, sin saber el grave riesgo al que los exponen.
Los casos de Nicolás Aguilar y Marcial Maciel, internacionalmente conocidos son emblemáticos de esta práctica recurrente, de la que incluso los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI estuvieron enterados con la suficiente antelación para proceder conforme a derecho; pero optaron por encubrir estos infames ilícitos y con eso, como ellos dicen, en el pecado llevan la penitencia.
24 de junio de 2009
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